miércoles, 23 de octubre de 2019

REHACIENDO EL PASADO


¡Idea! Bueno, idea copiada de un libro de José Antonio Marina, concretamente El laberinto sentimental. Pero es tan buena que merece la pena copiarla. 
En esto consiste: reescribir mi biografía personal, dándole un toque más alegre, sabiendo sacar temas nuevos, explicaciones nuevas. ¡Todo nuevo! Así es, me voy a centrar en lo que me dé la real gana. De entrada, me puedo fijar en mis puntos fuertes, como lo razonablemente bien que se me dan tanto la escritura como las relaciones de amistad. 
Así, porque me da la gana a mí. No voy a confiar el trabajo de escribir mi autobiografía a mi memoria. Esto me recuerda a Napoleón: “¿las circunstancias? Las circunstancias soy yo”.
Así podría comenzar mi autobiografía:

Nací el 27 de diciembre de 1975. A mis padres no les debo solamente la vida, sino también el haber podido llegar a ser el que soy hoy. Si, aun con todos sus fallos, no hubieran hecho las cosas como las hicieron (en lo relativo a mi educación, me refiero, claro está), hoy no sería el que soy. Y es que además lo hicieron todo, bueno o malo, con la mejor de las intenciones. Es de agradecer toda su labor, pues hoy me considero un hombre (más o menos) feliz...”

Le animo, amigo lector, amiga lectora, a que emprenda la acción de reescribir su autobiografía de esta manera. Por mi parte, aunque esta tarea no figura entre mis objetivos a corto plazo, creo que algún día la llevaré a cabo.

lunes, 14 de octubre de 2019

ESCRIBIR... ¿PARA QUÉ?


Eso de escribir está muy bien, es entretenido, mola (como dice la juventud). Y al lector o lectora, quizás, le quede igualmente una agradable sensación tras la lectura de un texto.
Pero... ¿es eso todo? ¿Escribir para pasar un rato ameno? Desde luego, la finalidad de cierta escritura, como la de novelas, es esa. También un blog puede tener únicamente ese objetivo.
A la pregunta del para qué escribir, recuerdo que alguien respondía lo siguiente: escribo para que la muerte no tenga la última palabra. Me parece una respuesta acertada, siendo como es el hacer algo que trascienda la propia vida una motivación humana clave.
Pasemos ahora de lo abstracto a algo más concreto: ¿Para qué escribo yo este blog?
Pablo D´Ors señala en su Biografía del Silencio que decidió escribir “únicamente lo que contribuya a hacer mejores a quienes me lean”. Feliz decisión (lograda en su caso con creces, además).
Yo quiero hacer como D´Ors, escribir “a lo D´Ors”.
Yo también quiero crear (qué bonito e inspirador verbo, al igual que el sustantivo que de él deriva: creación) algo valioso, para que a alguien le sea útil, le sirva. Si esto no se produce, apaga y vámonos, o mejor dicho, haz clic y resetea.
Bien pudiera ser, por otro lado, que el principal beneficiado con la creación de mi bitácora sea yo mismo, por los efectos terapeúticos de la escritura. Además, saber que mi trabajo está al alcance, potencialmente, de cualquier habitante del planeta, supone un importante subidón de adrenalina.
Que yo me beneficie con la escritura de mi blog es una buena noticia, pero no es eso lo que pretendo. Y es que quiero trascender mi propia vida, ir más allá de la misma.
Bien, hasta ahora he llegado a la conclusión provisional de que quiero, como se dice en economía, crear valor, crear algo provechoso. ¿Y eso cómo se hace? Pues yo creo que eso se hace incitando a quien lee a la acción.
En efecto, hay que pasar a la acción. Del pensamiento, del rumiar, a la acción. Este punto de la acción dará, creo y espero, más juego a lo largo y ancho de Alma y Psique.
Lo que un texto proporciona es conocimiento (yo puedo proporcionar la información de que quien busca un amigo sin defectos se queda sin amigos), pero lo que interesa es que el lector transforme dicho conocimiento en acción (la próxima vez que esté pensando en cortar una relación de amistad, que tenga en cuenta esta idea y actúe en consecuencia: reflexionando concienzudamente y no haciéndolo a la primera de cambio, vamos).
¡Acción! He ahí la clave. Las entradas de este blog tratarán de llevar a quien lo lea a la acción. 
El que lo consiga o no, está por ver, y usted, lector o lectora, deberá ser el implacable juez.


domingo, 6 de octubre de 2019

ÉXITOS

Uno de los rasgos más importantes de la personalidad es la capacidad que uno cree tener para incidir en su vida (cambiar su vida, mejorarla, en los aspectos que no le gustan) y en el medio.
Cuando esa capacidad es baja, el individuo se retrae. Se llega así en algunos casos fácilmente a la depresión (cada vez en más casos, pues la depresión campa a sus anchas en el mundo occidental del siglo XXI), incluída eventualmente la desesperanza más absoluta y devastadora.
En mi caso particular, esa expectativa de poder incidir en mi vida y en mi medio era en el pasado realmente baja. Aún hoy sigue siendo no muy elevada.
De hecho, ayer realicé un test online (en esta página web, en inglés), que me arrojó este dato a la cara: el ¡90%! de los adultos norteamericanos tiene más pasión y perseverancia que yo para enfrentar objetivos a largo plazo.
Ese desalentador dato me hizo venirme abajo; pero me sobrepuse raudo y veloz. Y me puse a reflexionar. La cuestión es: ¿cómo puedo yo elevar dicha expectativa de eficacia y de éxito, con el fin de tener una personalidad más proactiva, con el fin de tener más éxito y constancia en mis objetivos a largo plazo?
Cuando un equipo de fútbol está desmoralizado, solo una cosa le sacará de ese estado: victorias en el terreno de juego.
Asimismo, a una persona hundida anímicamente le vendrán muy bien éxitos en su vida (y le vendrán fatal los fracasos).
Por lo tanto, hay que salir en busca de éxitos. Para lograrlos, conviene plantearse en principio metas muy asequibles.
Como he dicho anteriormente, a mí me vendrían muy bien unos cuantos éxitos. Voy a poner en práctica estas ideas: me voy a marcar una o dos metas diarias con el fin de triunfar en las mismas, y de esta manera ir cogiendo confianza en mis posibilidades.
Las dos primeras metas ya me las había marcado para hoy mismo: desayunar fruta y solamente fruta (objetivo final: ganar en salud) por un lado, y leer diez minutejos un libro en inglés (objetivo final: mejorar mi inglés), por otro.
A lo largo de esta mañana que ya ha concluido, he verificado ambas conductas. He tenido éxito.
Confío en que mi mente haya tomado nota, ¡y las neuronas se me hayan reorganizado en consecuencia!: puedo proponerme algo pequeño y lograrlo.
Ahora, a seguir igual, con más objetivos de toda índole (física, psicológica, social, intelectual, afectiva, laboral...).
Eso sí, importante, al menos en mi caso personal, no ir demasiado deprisa, no querer correr antes de andar, esto es, no proponerse demasiados objetivos a la vez.
Informaré en próximas entradas acerca de mi evolución. Me siento como el investigador y el conejillo de Indias al mismo tiempo. Curiosa sensación.
Y usted, ¿qué pequeño triunfo puede anotarse hoy para aumentar su confianza? ¿y mañana? ¿y pasado mañana? ¡Coja papel y bolígrafo y a trabajar! ¡No se dé por vencido, ni ya vencido!