Uno de los rasgos más
importantes de la personalidad es la capacidad que uno cree tener
para incidir en su vida (cambiar su vida, mejorarla, en los aspectos
que no le gustan) y en el medio.
Cuando esa capacidad es
baja, el individuo se retrae. Se llega así en algunos casos
fácilmente a la depresión (cada vez en más casos, pues la
depresión campa a sus anchas en el mundo occidental del siglo XXI),
incluída eventualmente la desesperanza más absoluta y devastadora.
En mi caso particular,
esa expectativa de poder incidir en mi vida y en mi medio era en el
pasado realmente baja. Aún hoy sigue siendo no muy elevada.
De hecho, ayer realicé
un test online (en esta página web, en inglés), que me arrojó este
dato a la cara: el ¡90%! de los adultos norteamericanos tiene más
pasión y perseverancia que yo para enfrentar objetivos a largo
plazo.
Ese desalentador dato me
hizo venirme abajo; pero me sobrepuse raudo y veloz. Y me puse a
reflexionar. La cuestión es: ¿cómo puedo yo elevar dicha
expectativa de eficacia y de éxito, con el fin de tener una
personalidad más proactiva, con el fin de tener más éxito y constancia en mis objetivos a largo plazo?
Cuando un equipo de
fútbol está desmoralizado, solo una cosa le sacará de ese estado:
victorias en el terreno de juego.
Asimismo, a una persona
hundida anímicamente le vendrán muy bien éxitos en su vida (y le
vendrán fatal los fracasos).
Por lo tanto, hay que
salir en busca de éxitos. Para lograrlos, conviene plantearse en
principio metas muy asequibles.
Como he dicho
anteriormente, a mí me vendrían muy bien unos cuantos éxitos. Voy
a poner en práctica estas ideas: me voy a marcar una o dos metas
diarias con el fin de triunfar en las mismas, y de esta manera ir
cogiendo confianza en mis posibilidades.
Las dos primeras metas ya
me las había marcado para hoy mismo: desayunar fruta y solamente
fruta (objetivo final: ganar en salud) por un lado, y leer diez
minutejos un libro en inglés (objetivo final: mejorar mi inglés),
por otro.
A lo largo de esta mañana
que ya ha concluido, he verificado ambas conductas. He tenido éxito.
Confío en que mi mente haya
tomado nota, ¡y las neuronas se me hayan reorganizado en consecuencia!: puedo proponerme algo pequeño y lograrlo.
Ahora, a seguir igual,
con más objetivos de toda índole (física, psicológica, social,
intelectual, afectiva, laboral...).
Eso sí, importante, al
menos en mi caso personal, no ir demasiado deprisa, no querer correr
antes de andar, esto es, no proponerse demasiados objetivos a la vez.
Informaré en próximas
entradas acerca de mi evolución. Me siento como el investigador y
el conejillo de Indias al mismo tiempo. Curiosa sensación.
Y usted, ¿qué pequeño
triunfo puede anotarse hoy para aumentar su confianza? ¿y mañana?
¿y pasado mañana? ¡Coja papel y bolígrafo y a trabajar! ¡No se dé por vencido, ni ya vencido!
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