domingo, 6 de octubre de 2019

ÉXITOS

Uno de los rasgos más importantes de la personalidad es la capacidad que uno cree tener para incidir en su vida (cambiar su vida, mejorarla, en los aspectos que no le gustan) y en el medio.
Cuando esa capacidad es baja, el individuo se retrae. Se llega así en algunos casos fácilmente a la depresión (cada vez en más casos, pues la depresión campa a sus anchas en el mundo occidental del siglo XXI), incluída eventualmente la desesperanza más absoluta y devastadora.
En mi caso particular, esa expectativa de poder incidir en mi vida y en mi medio era en el pasado realmente baja. Aún hoy sigue siendo no muy elevada.
De hecho, ayer realicé un test online (en esta página web, en inglés), que me arrojó este dato a la cara: el ¡90%! de los adultos norteamericanos tiene más pasión y perseverancia que yo para enfrentar objetivos a largo plazo.
Ese desalentador dato me hizo venirme abajo; pero me sobrepuse raudo y veloz. Y me puse a reflexionar. La cuestión es: ¿cómo puedo yo elevar dicha expectativa de eficacia y de éxito, con el fin de tener una personalidad más proactiva, con el fin de tener más éxito y constancia en mis objetivos a largo plazo?
Cuando un equipo de fútbol está desmoralizado, solo una cosa le sacará de ese estado: victorias en el terreno de juego.
Asimismo, a una persona hundida anímicamente le vendrán muy bien éxitos en su vida (y le vendrán fatal los fracasos).
Por lo tanto, hay que salir en busca de éxitos. Para lograrlos, conviene plantearse en principio metas muy asequibles.
Como he dicho anteriormente, a mí me vendrían muy bien unos cuantos éxitos. Voy a poner en práctica estas ideas: me voy a marcar una o dos metas diarias con el fin de triunfar en las mismas, y de esta manera ir cogiendo confianza en mis posibilidades.
Las dos primeras metas ya me las había marcado para hoy mismo: desayunar fruta y solamente fruta (objetivo final: ganar en salud) por un lado, y leer diez minutejos un libro en inglés (objetivo final: mejorar mi inglés), por otro.
A lo largo de esta mañana que ya ha concluido, he verificado ambas conductas. He tenido éxito.
Confío en que mi mente haya tomado nota, ¡y las neuronas se me hayan reorganizado en consecuencia!: puedo proponerme algo pequeño y lograrlo.
Ahora, a seguir igual, con más objetivos de toda índole (física, psicológica, social, intelectual, afectiva, laboral...).
Eso sí, importante, al menos en mi caso personal, no ir demasiado deprisa, no querer correr antes de andar, esto es, no proponerse demasiados objetivos a la vez.
Informaré en próximas entradas acerca de mi evolución. Me siento como el investigador y el conejillo de Indias al mismo tiempo. Curiosa sensación.
Y usted, ¿qué pequeño triunfo puede anotarse hoy para aumentar su confianza? ¿y mañana? ¿y pasado mañana? ¡Coja papel y bolígrafo y a trabajar! ¡No se dé por vencido, ni ya vencido!

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