Eso de escribir está
muy bien, es entretenido, mola (como dice la juventud). Y al lector o lectora, quizás, le quede
igualmente una agradable sensación tras la lectura de un texto.
Pero... ¿es eso todo?
¿Escribir para pasar un rato ameno? Desde luego, la finalidad de
cierta escritura, como la de novelas, es esa. También un blog puede
tener únicamente ese objetivo.
A la pregunta del para
qué escribir, recuerdo que alguien respondía lo siguiente: escribo
para que la muerte no tenga la última palabra. Me parece una
respuesta acertada, siendo como es el hacer algo que trascienda la
propia vida una motivación humana clave.
Pasemos ahora de lo
abstracto a algo más concreto: ¿Para qué escribo yo este blog?
Pablo D´Ors señala en
su Biografía del Silencio que decidió escribir “únicamente
lo que contribuya a hacer mejores a quienes me lean”. Feliz
decisión (lograda en su caso con creces, además).
Yo quiero hacer como
D´Ors, escribir “a lo D´Ors”.
Yo también quiero crear
(qué bonito e inspirador verbo, al igual que el sustantivo que de él
deriva: creación) algo valioso, para que a alguien le sea útil, le
sirva. Si esto no se produce, apaga y vámonos, o mejor dicho, haz
clic y resetea.
Bien pudiera ser, por
otro lado, que el principal beneficiado con la creación de mi
bitácora sea yo mismo, por los efectos terapeúticos de la
escritura. Además, saber que mi trabajo está al alcance,
potencialmente, de cualquier habitante del planeta, supone un
importante subidón de adrenalina.
Que yo me beneficie con
la escritura de mi blog es una buena noticia, pero no es eso lo que
pretendo. Y es que quiero trascender mi propia vida, ir más allá de
la misma.
Bien, hasta ahora he
llegado a la conclusión provisional de que quiero, como se dice en
economía, crear valor, crear algo provechoso. ¿Y eso cómo se hace?
Pues yo creo que eso se hace incitando a quien lee a la acción.
En efecto, hay que pasar
a la acción. Del pensamiento, del rumiar, a la acción. Este punto de la acción dará, creo y espero, más juego a lo largo y ancho de Alma y Psique.
Lo que un texto
proporciona es conocimiento (yo puedo proporcionar la información de
que quien busca un amigo sin defectos se queda sin amigos), pero lo
que interesa es que el lector transforme dicho conocimiento en acción
(la próxima vez que esté pensando en cortar una relación de amistad,
que tenga en cuenta esta idea y actúe en consecuencia: reflexionando concienzudamente y no haciéndolo a la primera de cambio, vamos).
¡Acción! He ahí la
clave. Las entradas de este blog tratarán de llevar a quien lo lea a
la acción.
El que lo consiga o no, está por ver, y usted, lector o
lectora, deberá ser el implacable juez.
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